Psicoanálisis y Ciencia

Ciencia, psicoanálisis y posmodernismo
(Acerca del libro "Impostures Intellectuelles" de Sokal y Bricmont)

Disponible también en formato PDF
Michel Sauval - Algunos efectos de la digitalización de la cultura

Segunda parte:
La ciencia y la verdad
( 1 de enero 1998 )
Publicado en
Acheronta número 6 (enero 1998)

Introducción

Esperando haber podido, en la primera parte de este artículo, desmenuzar la lógica del debate que se ha generado en torno a la "broma" de Sokal, en particular sus fallas (en otras palabras, esperando haber sabido aprovechar las enseñanzas de Hegel en lo que a este punto se refiere), intentaré, en esta segunda parte, presentar algunos de los problemas que se plantean en relación a la cuestión de la verdad y la cuestión de lo real.

No puedo opinar con seriedad sobre qué es lo que realmente dicen varios de los autores criticados por Sokal y Bricmont en su libro, pues no los he estudiado lo suficiente. No puedo por lo tanto responder a las críticas de Sokal mas que en los términos señalados en la primer parte. Pero ese no es el caso con respecto a Lacan. Sin pretender ser un especialista en Lacan, son sus textos y su enseñanza los que me han guiado en mi práctica como psicoanalista. Obviamente, no tiene sentido tomar en forma aislada la discusión sobre un fragmento u otro en los que Lacan haya hecho uso de algún concepto tomado de la ciencia (topología, lógica, etc.) sin presentar primero la posición general del psicoanálisis respecto de la ciencia.

Es lo que haré en esta parte. Como complemento de la misma adjunto algunas de las clases de un seminario sobre "Ciencia y Psicoanálisis" que vengo desarrollando por Internet en un espacio vecino a este: http://www.edupsi.com/psicoanalisis.htm

Esas clases desarrollan el problema como un comentario de un excelente libro sobre este tema: el de Jean Claude Milner, titulado "La obra clara", con edición en español en la editorial Manantial (es la mejor lectura que podría recomendarles sobre este tema, en particular al propio Sokal).

Una vez hecho esto estaremos en condiciones de comenzar, en una tercera parte, el análisis de cada uno de los fragmentos seleccionados y criticados por Sokal y Bricmont. Me permitiré entonces hacer una traducción al español del respectivo capítulo del libro para que otros psicoanalistas de lengua hispana puedan agregar sus propios análisis a este trabajo.

 

"El sujeto de la ciencia"

Lo primero que debe quedar claro es que el psicoanálisis no se define como una ciencia. Aunque tampoco podría existir sin relación a la ciencia.

El punto entonces no será demostrar que el psicoanálisis "es" científico, sino analizar las relaciones que el mismo mantiene con la ciencia. Solo esto permitirá ubicar en su justo lugar las referencias lacanianas a conceptos o términos científicos.

Una de las indicaciones más precisas que da Lacan sobre este punto se encuentra en "La ciencia y la verdad", el último de los artículos de los Escritos (y que también fuera la primera clase del seminario sobre "El objeto del psicoanálisis"). Allí dice lo siguiente:

"Dire que le sujet sur quoi nous opérons en psychanalyse ne peut être que le sujet de la science, peut passer pour paradoxe. C' est pourtant là que doit être prise une démarcation, faute de quoi tout ce mêle et commence une malhonnêteté qu' on appelle ailleurs objective: mais c' est manque d' audace et manque d' avoir repéré l' objet qui foire. De notre position de sujet, nous sommes toujours responsables." (J. Lacan, Ecrits, Ed. Seuil, página 858)

"Decir que el sujeto sobre el [yo traduciría mas bien con "lo"] que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja. Es allí sin embargo donde debe tomarse un deslinde a falta del cual todo se mezcla y empieza una deshonestidad que otros sitios llaman objetiva: pero es falta de audacia y falta de haber detectado el objeto que se raja. De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables" (Escritos 2, Ed. Siglo XXI, página 837). (1)

¿En que consiste este sujeto de la ciencia? ¿Qué significa este párrafo?

La ciencia se ocupa de lo real: encuentra un saber en lo real y opera con él. Podemos hablar de un saber "en" lo real en el sentido de que la ciencia verifica que dicho real obedece a ciertas fórmulas, con independencia de que las mismas sean o no conocidas. Es la misma lógica de este "descubrimiento" (2) la que alimentó la idea de una completa simbolización de lo real como objetivo final de la ciencia, el famoso ideal de Laplace (3). Sin embargo, lo que ha minado esta ilusión (y constituye una de las bases del relativismo cognitivo que critica Sokal) es la verificación de que entre el saber y lo real siempre se encuentra una frontera insuperable.

Obviamente esta frontera no es la misma hoy que ayer, lo cual ha alimentado la idea del carácter histórico de la misma, y la proyección de un acercamiento asintótico a lo que no veo porque no podríamos llamar un "saber absoluto" (con todas las asociaciones hegelianas que estos términos pueden implicar). No creo que la ciencia pueda ser ciencia sin mantenerse fiel, de un modo u otro, a este ideal. El paso del tiempo puede haber vuelto a los científicos más cautos, desconfiados, relativistas, o lo que sea, pero este sigue siendo su norte.

Sokal y Bricmont, por ejemplo, han aprendido la lección, y por eso, en un capítulo especialmente dedicado al relativismo cognitivo (intercalado no se porque como "Intermezzo" entre los capítulos dedicados a Kristeva e Irigaray), plantean una posición de crítica respecto de la posibilidad de una "codificación completa de la racionalidad científica" y dudan de que la misma pueda existir (ídem, pagina 59), motivo por el cual llegan a adherir al planteo de Feyerabend de que la ciencia no puede ser organizada según reglas fijas y universales (ídem, página 78).

"Ninguna aserción sobre el mundo real puede jamas ser literalmente probada pero, para retomar la expresión muy justa del derecho anglosajón, puede serlo mas allá de la duda razonable. La duda no razonable subsiste" (ídem, página 60).

Y por eso critican la intención de Popper de intentar reducir "la inmensa complejidad de la empresa científica a una 'lógica' universal bien definida" (ídem, página 67) ya que ellos desplazan sobre el fracaso de estos proyectos epistemológicos el origen de las reacciones irracionalistas.

Pero el punto fundamental de todo el debate es que para Sokal y Bricmont, al llegar al punto de la "verdad" no puede haber relativismo: solo puede haber una verdad, la cual puede ser sabida. Su concepto de verdad corresponde a esta correlación entre saber y real: "Al fin de cuentas, la principal razón que tenemos para creer en la veracidad de los resultados científicos (al menos aquellos mejor establecidos) se debe al hecho de que explican la coherencia de nuestra experiencia" (Sokal y Bricmont, "Impostures Intellectuelles", Ed. Odile Jacob, página 58). Por eso adhieren al planteo de Einstein de que Dios puede ser "sutil pero no malo" (no juega a los dados). En otras palabras, la verdad resulta de la adecuación del saber a lo real. El saber científico consiste en el conocimiento de las leyes y fórmulas a las que lo real responde.

Esto no es un defecto. Así funciona la ciencia. No podría funcionar de otra manera. Y porque funciona así es que subiré al avión para irme de vacaciones en unos días.
Lo que tenemos que ver ahora es que, también porque la ciencia funciona así es que hay psicoanálisis.

Volvamos a lo que decíamos anteriormente.

¿Que estatuto darle a la frontera que insiste entre el saber y lo real?
Ahí está el punto.

El psicoanálisis toma el problema al revés.

Podríamos intentar pensar lo real, no ha partir de lo simbolizado, de lo "sabido", o mas precisamente, a partir de lo que sí responde a nuestro saber, sino a partir de lo no sabido, aquello que se presenta como no respondiendo a nuestro saber previo. Es decir, una definición negativa de lo real: aquello que insiste mas allá de esta frontera alcanzada por la ciencia.

Esta frontera entre lo real y el saber es lo que Lacan llama el sujeto de la ciencia. Por eso Lacan define la ciencia de esta manera:

"le sujet en question reste le corrélât de la science, mais un corrélât antinomique puisque la science s' avère définie par la non-issue de l' effort pour le suturer" (Ecrits, página 861);

"el sujeto en cuestión sigue siendo el correlato de la ciencia, pero un correlato antinómico puesto que la ciencia se muestra definida por el no-éxito del esfuerzo para suturarlo" (Escritos 2, página 840).

Lacan ubica la aparición de este "sujeto de la ciencia" en la operación de Descartes. En el punto preciso en que la duda ha reducido el cogito a un saber cero (el sum como el conjunto vacío del cogito), punto a partir del cual la garantía de la verdad queda del lado de Dios, y del lado del sujeto solo queda el saber, un saber vaciado de toda verdad metafísica, el saber de las fórmulas y su verdad formal, que funcionarán como una sintaxis de lo real. El famoso "hypotheses non fingo" de Newton es "la carta de la estructura" (J. Lacan, "Radiofonía"), pues plantea claramente que su posición es la de dejar de lado la pregunta por esa potencia desconocida que sería la "verdadera" causa y no solo la expresión formal (la ley) de la gravedad. Claro que, planteadas así las cosas, para aquellos que no conocen de psicoanálisis podría plantearse la pregunta de la relación entre tan vastas y conceptuales relaciones y la clínica con pacientes.

En vísperas del centenario del nacimiento del psicoanálisis, no estará de más recordar los fundamentos del mismo como ejemplificación de lo anteriormente planteado.

 

La verdad y lo real

Desde hace un tiempo en USA se ha desarrollado todo un debate acerca de la verdad o falsedad de los recuerdos relativos a hechos sexuales en la infancia.

Es conocido el caso de Beth Rutherford quien en 1992, impulsada a la rememoración por su confesor, "recordó" que entre los 7 y los 14 años había sido violada por su padre, quien era pastor, y que incluso había quedado embarazada dos veces, siendo obligada a abortar por su padre. Al hacer públicas estas denuncias su padre tuvo que renunciar a su ministerio, pero posteriores exámenes médicos, ordenados como parte del proceso judicial iniciado, demostraron que Beth Rutherford era aún virgen. En 1996 esta mujer le hizo juicio entonces a su confesor, quien fue condenado.

Han habido otros casos similares, pero involucrando a psicoterapeutas, que también han culminado en los tribunales.

Varias asociaciones profesionales se han visto obligadas a pronunciarse sobre el asunto, entre ellas, la "American Psychiatric Association" (a fines del 93), la "Australian Psychological Society" (en octubre del 94), la "American Psychologycal Association" (en noviembre del 94), la "American Medical Association", la "Asociation des Psychiatres du Canadá" (marzo del 96) y otras de nivel similar en otros países durante el 97.

En todos los casos, la posición consiste en intentar ordenar los recuerdos en un campo de verdad o falsedad definido en función de la adecuación a los hechos.

E. Loftus, la presidenta de la "American Psychologycal Association" se ha dedicado desde hace años a la investigación del problema, entendiendo que la clave del problema es la desinformación, dado que la misma "puede modificar los recuerdos de un individuo de manera previsible y, a veces, espectacular" ("Pour la Science", Número de Diciembre 97).

No tienen mas que hacer una búsqueda con "False Memory Syndrome" en Altavista u otros buscadores y encontrarán decenas y decenas de links. En particular, pueden darse una vuelta por la recopilación de referencias bibliográficas e investigaciones del Ph.D. Jim Hopper, en http://www.jimhopper.com/memory

Abordo esta parte del debate por este costado, porque uno de los ejes de la crítica de Sokal consiste en la cuestión de la referencia empírica de los planteos o desarrollos de los autores por ellos reseñados.

Y la actitud tanto de los involucrados en estos procesos judiciales como de las asociaciones profesionales que han fijado posición sobre ese tema se funda en la idea de un saber de tipo científico. Por eso han sido "enloquecidos" por las respectivas histéricas de cada uno de estos casos, de la misma manera en que ya se "enloquecían" hace mas de un siglo los médicos de tantos otros países por otras tantas histéricas, pues estas siempre se presentan como padeciendo de una serie de perturbaciones que siempre escapan a dicho saber científico.

Es justamente este problema el que dio origen al psicoanálisis.

Recordemos como comienza Freud su "escucha" de la histeria.

En uno de sus primeros trabajos sobre el tema (antes mismo de la creación del psicoanálisis como tal), en un estudio comparativo entre las parálisis motrices orgánicas e histéricas verificaba que estas últimas no respetaban la anatomía y muchas veces se presentaban "en contradicción con las reglas de la parálisis orgánica cerebral". El recorte que la parálisis histérica hace sobre el cuerpo no sigue las reglas de la anatomía sino el recorte del lenguaje común: "es la concepción trivial, popular, de los órganos y del cuerpo en general la que está en juego en las parálisis histéricas, así como en las anestesias, etc." (Freud, Obras Completas, Ed. Amorrortu, Tomo 1, página 207).

La conclusión de Freud es que puede haber, entonces, "una lesión funcional sin lesión orgánica concomitante (...) la lesión de la parálisis histérica será, entonces, una alteración de la concepción (representación); de la idea de brazo por ejemplo" (ídem, página 207/8).

En otros términos, ¿cómo puede uno enfermar por un problema de lenguaje?

Lo que importa percibir de esto es que el síntoma histérico se presenta como una situación donde lo real no se comporta en función del saber que se tiene del mismo. Y no porque ese saber sea incorrecto o falso. Del síntoma histérico no corresponde deducir una nueva anatomía biológica.

Del síntoma histérico corresponde deducir lo que la misma experiencia le dictará a Freud: "La lesión sería entonces la abolición de la accesibilidad asociativa de la concepción del brazo. Este se comporta como si no existiera para el juego de las asociaciones (...) el órgano paralizado o la función abolida están envueltos en una asociación subconsciente provista de un gran valor afectivo, y se puede mostrar que el brazo se libera tan pronto como ese valor afectivo se borra" (ídem, página 208/9).

En otros términos, el síntoma histérico, es un fenómeno que no responde a un saber universal sobre la anatomía, sobre lo real, sino que responde a la particularidad de la historia de cada sujeto expresada al nivel del uso de las palabras. No se lo podrá curar ni con medicamentos ni con operaciones reales sobre el cuerpo, sino dejando hablar al paciente, para a partir de ese decir, deducir y desarmar la trama lógica que mantiene aisladas a ciertas palabras del funcionamiento conjunto de las demás.

A partir de este descubrimiento, Freud encontró una cuestión mas. Encontró que estos síntomas resultaban de una asociación linguística con escenas sexuales infantiles. Al igual que nuestros actuales terapeutas americanos preocupados por el problema de la verdad o falsedad de los recuerdos sexuales, encontró que al remontar las asociaciones y recuerdos de los pacientes, casi siempre se llegaba a alguna acusación de abuso sexual por parte de familiares de pacientes, mas precisamente, por parte del padre.

Como con la cuestión de las parálisis histéricas, nuevamente se planteó el problema de la "verdad". Y el descubrimiento fue que, así como las parálisis no respondían a la anatomía biológica, las escenas de abuso y/o seducción sexual no respondían a la simple dimensión fáctica de los "hechos". Pero, al igual que las parálisis, no eran por eso menos "reales".

Resolver este problema ha sido la clave de la invención del psicoanálisis.

Toda la historia que se ha generado entorno al "sindrome de falso recuerdo" que comentaba anteriormente es un típico ejemplo de situación que podriamos llamar "pre-freudiana", es decir, de situación de impasse que se produce cuando no se atiende a la dimensión de "verdad" que implica la palabra, dimensión que no es la misma que la reducción que la ciencia realiza en términos de "exactitud" o "adecuación", entre lo simbólico y lo real.

En ese sentido, los síntomas histéricos son la expresión mas acabada de lo que Lacan plantea como el sujeto de la ciencia.

El paso que conviene tener presente para no perder el nexo entre los planteos aparentemente abstractos o teóricos de Lacan y, por ejemplo, estas primeras referencias freudianas, es que la relación del psicoanálisis con la ciencia siempre se presentada mediada por la medicina, puesto que el psicoanálisis siempre se ha planteado como una práctica en relación al campo que podríamos definir ampliamente como el de la salud mental.

La medicina, mas precisamente la psiquiatría, es la que se presenta en dicho campo como el representante de la ciencia (ver en particular, para este punto, la clase 2.2b de mi seminario sobre "Ciencia y Psicoanálisis", que forma parte de los textos agregados como anexos a este artículo).

Y la histeria es lo que, en dicho campo, se presenta como un real que no se deja reducir a un saber científico sobre el mismo.

Cuando Lacan plantea cosas en relación a la ciencia está mirando por encima de la psiquiatría. Obviamente que cuando habla del "sujeto de la ciencia" no se está refiriendo ni a los agujeros negros de la física espacial o cosas por el estilo, sino a esta cuestión eminentemente clínica.

Pero lo que hay que percibir es que este descubrimiento del psicoanálisis y su misma constitución, no son sino el resultado, por la negativa, del desarrollo de la ciencia moderna y de la extensión de la misma, como modo de aprehender lo real, a todos los ámbitos de la vida de los seres humanos. Antes de la ciencia moderna, lo mental, lo mismo que tantas otras cosas, era significado de otra manera. Y los abordajes de la histeria, obviamente eran diferentes (exorcismo, etc.). Este es el sentido que tiene decir que el psicoanálisis no es una ciencia pero que al mismo tiempo, es imposible, como tal, sino en relación a la ciencia. Se comprenderá entonces que la noción de real, en psicoanálisis, no es la misma que en ciencia. En ambos casos podremos verificar que, por ejemplo, un brazo está paralizado.

Pero esa parálisis tiene una dimensión diferente para la ciencia (es decir, para el caso, la medicina) y el psicoanálisis. Para la primera será algo incomprensible, algo que escapa a sus fórmulas y sus atlas anatómicos. Para el psicoanálisis, formará parte de ciertos imposibles en la estructura del lenguaje (por ahora, podríamos conformarnos con decir ciertos imposibles de decir).

Dejando de lado este terreno aparentemente más "obvio" de las parálisis, y volviendo a los problemas relativos a los traumas sexuales, también podremos verificar esta misma cuestión.

El psicoanálisis se constituye, como tal, en cierto sentido, a partir del abandono de la llamada "teoría de la seducción", al menos en el sentido del abandono de la idea del trauma de la seducción a partir de un hecho fáctico. Dicha "teoría de la seducción" le había ido permitiendo a Freud ordenar una serie de cuadros clínicos (estructuras) en función de la ubicación temporal y la naturaleza de un hecho sexual traumático en la vida del paciente.

Pero un poco mas astutamente que el confesor de Beth Rutherford, que los terapeutas involucrados en juicios a partir de los resultados de la rememoración, y que el conjunto de las asociaciones profesionales que se han pronunciado sobre el tema del modo anteriormente señalado, Freud, ya un poco más acostumbrado a escuchar antes que dictaminar, sabrá concluir de un modo diferente. En su famosa carta 69 a Fliess le confiesa que "ya no creo mas en mi neurótica". Entre los motivos reseña "la sorpresa de que en todos los casos el padre hubiera de ser inculpado como perverso, sin excluir a mi propio padre, la intelección de la inesperada frecuencia de la histeria, en todos cuyos casos debería observarse idéntica condición, cuando es poco probable que la perversión contra niños esté difundida hasta ese punto" (ídem, página 301) y "la intelección cierta de que en lo inconsciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida de afecto" (ídem (páginas 301/2).

Pero no deducirá Freud de esto que las histéricas sean, finalmente, unas fabuladoras, como acostumbraba pensarlas las medicina de entonces, ni que la tarea consista en demostrarles la "falsedad" de sus decires.

Nuevamente, como con el caso de las parálisis, optará por la vía de "escuchar" a sus pacientes.

Freud conservará siempre la idea de que el encuentro con el sexo es traumático, pero en ese entonces debe abandonar la idea de que la "realidad" de dicho encuentro, y por lo tanto del trauma, radique en la dimensión fáctica de un acontecimiento. En el manuscrito M (anexado a la carta 63 a Fliess, con fecha 25 de mayo de 1897), Freud, luego de afirmar, muy lacanianamente que "el elemento genuinamente reprimido es siempre el femenino", aborda el tema de las fantasías. Señala que las mismas "se generan como una conjunción inconsciente entre vivencias y cosas oídas, de acuerdo con ciertas tendencias. Estas tendencias son las de volver inasequible el recuerdo del que se generaron o pueden generarse síntomas. La formación de fantasías acontece por combinación y desfiguración, análogamente a la descomposición de un cuerpo químico que se combina con otro. Y en efecto, la primera variedad de la desfiguración es la falsificación del recuerdo por fragmentación, en lo cual son descuidadas precisamente las relaciones de tiempo. Así, un fragmento de la escena vista es reunido en la fantasía con otro de la escena oída, mientras que el fragmento liberado entra en otra conexión. Con ello, un nexo originario se vuelve inhallable" (ídem, página 293) (subrayados míos).

El término usado por Freud, sistemáticamente, es el de fantasía. Pero de lo que está tratando es de lo último y más reprimido a lo que se puede acceder en un análisis. No está hablando ni de sueños ni de fantasías conscientes. Está hablando del límite imposible de superar, en el análisis, en el camino de búsqueda de la causa del síntoma.

En otra carta anterior (la 61, del 2 de mayo del mismo año) dirá que las fantasías son "edificios protectores". Y en el Manuscrito L que acompaña a esa carta dirá que las fantasías "son establecidas por medio de las cosas que fueron oídas y que se valorizan con posterioridad, y así combinan lo vivenciado y lo oído, lo pasado (de la historia de los padres y antepasados) con lo visto por uno mismo. Ellas son a lo oído como los sueños son a lo visto" (ídem, páginas 288/9)

En síntesis, Freud debe confesar que la escena última no es un hecho fáctico y que lo que encontramos al final de un análisis es la construcción de estas fantasías. Y que esas fantasías tienen el mismo poder, la misma eficacia, que estaríamos dispuestos a otorgarle, según las concepciones científicas tradicionales, a una causa real. Estos "edificios protectores" se revelan ser lo último, y también lo mas particular. Lo que hubiese, si lo hay, detrás de este límite último, si puede hablarse de un detrás, o de un mas allá, es inaccesible, imposible (en el sentido mas fuerte del término) de alcanzar.

Todos los desarrollos del psicoanálisis, tanto la enseñanza de Freud, como toda la enseñanza de Lacan, están dedicadas al problema de formalizar y permitir la transmisión de un cierto saber sobre este tipo de problemas, sobre esta práctica que es siempre de lo particular, pues opera, precisamente, sobre lo que se presenta siempre como un mas allá de todo saber científico.

Este es el sentido de la cita de "La ciencia y la verdad" planteada al comienzo de esta segunda parte de este artículo (4). Y en ese sentido, hay dos cuestiones mas que convendría agregar.

Por un lado, que lo que el psicoanálisis descubre de esta manera, es que el lenguaje, lejos de ser un "instrumento", de comunicación, o de lo que sea, es un "hábitat" que nos determina. La referencia básica aquí, podría ser el capítulo "Introducción del gran Otro", del Seminario II de Lacan.

Comienza dicho capítulo preguntándose "¿porqué no hablan los planetas?".

Y sigue:
"Las estrellas son reales, íntegramente reales, en principio, en ellas no hay absolutamente nada del orden de una alteridad a ellas mismas, son pura y simplemente lo que son. El hecho de que las encontremos siempre en el mismo lugar es una de las razones por las que no hablan (...) El siempre en el mismo lugar no nos lo mostraron primero los planetas sino las estrellas. El movimiento perfectamente regular del día sideral es, con seguridad, lo que por primera vez permitió a los hombres experimentar la estabilidad del cambiante mundo que los rodea, y comenzar a establecer la dialéctica de lo simbólico y lo real, donde lo simbólico brota aparentemente de lo real (...) Esta realidad es una primera razón para que los planetas no hablen. Sin embargo sería un error creer que sean tan mudos (...) Durante muchísimo tiempo y hasta una época muy avanzada, les quedó el residuo de una suerte de existencia subjetiva (...) Finalmente llegó Newton (...) Hacerlos callar; Newton lo consiguió definitivamente. El silencio eterno de los espacios infinitos, que causaba espanto a Pascal, es algo adquirido después de Newton (...) ¿Porqué no hablan los planetas?. Es realmente una pregunta. Nunca se sabe lo que puede ocurrir con una realidad hasta el momento en que se la ha reducido definitivamente inscribiéndola en un lenguaje. Solo se está definitivamente seguro de que los planetas no hablan a partir del momento en que se les ha cerrado el pico, o sea, a partir del momento en que la teoría newtoniana produjo la teoría del campo unificado, y bajo una forma que se completó después pero que ya era perfectamente satisfactoria para todas las mentes humanas. La teoría del campo unificado está resumida en la ley de la gravitación, que consiste esencialmente en que hay una fórmula que mantiene todo esto unido, en un lenguaje ultrasimple constituido por tres letras (...) todo lo que entra en el campo unificado no hablará nunca más, porque se trata de realidades completamente reducidas al lenguaje (...) no crean que nuestra postura respecto de todas las realidades haya arribado a este punto de reducción definitiva, perfectamente satisfactorio" (J. Lacan, "El Seminario", Libro II, Ed. Paidos, página 357/60).

Me he extendido en la cita porque me parece que particularmente clara respecto de lo que estamos discutiendo.

Cuando Lacan se refiere al eventual "hablar" de los planetas, se refiere a esa subjetivación que implica un real que no responde a un saber simbólico, de la que los fenómenos religiosos y similares nos dan un buen ejemplo.

Ahora bien, Sokal preguntaría qué aporta de útil este relato. Pues bien, el problema que le preocupa a Lacan es el siguiente:

"Permanentemente tendemos a razonar sobre los hombres como si se trata de lunas, calculando sus masas, su gravitación" (ídem, página 353).

¿Que mejor metáfora de cómo procede el saber psiquiátrico y psicoterapeutico, en tanto, justamente, saberes que se pretenden científicos?

"¿Nuestra meta es llegar al campo unificado y hacer de los hombres lunas? ¿Acaso los hacemos hablar tanto sólo para hacerlos callar?" (ídem, página 362).

El sujeto no es algo cerrado, sino una abertura. La noción de verdad que importa no se define a partir de una relación de adecuación de lo simbólico con lo real, sino por esa discordancia que provoca el retorno de lo que quedó forcluído en aquella pretendida adecuación.

Es desde esta perspectiva que deben leerse todas las referencias lacanianas a conceptos científicos. En ningún caso Lacan apelará a ellos por lo que los mismos impliquen de coherencia en su campo de origen, sino por lo que los mismos testimonien de este punto de falla que es el sujeto. Por ejemplo, con la cuestión de la topología: el famoso toro que Lacan ha tomado una y otra vez, no será tomado según los usos habituales en topología, sino en función de otra cosa: el agujero de su centro, que implica, respecto de las vueltas sobre la superficie del toro, una vuelta de más. Resumiendo esto como un consejo de lectura: lo que hay que buscar, siempre, en cualquiera de estas referencias lacanianas es este elemento "de mas" (o de menos), eso que permitirá ilustrar la función del sujeto. Motivo por el cual, esto, forzosamente, siempre implica un tratamiento especial de ese concepto o término. Lo retomaremos mas en detalle mas adelante, en una nueva parte de este artículo.

Antes de dejar en este punto, un último comentario.

Este artículo, a diferencia de otros mío en esta misma revista, y de lo que leerán en el anexo constituido por algunas de las clases de mi seminario sobre "Ciencia y Psicoanálisis", ha intentado mantenerse, en la medida de lo posible, en el nivel más básico y elemental.

Esto, por la sencilla razón de que no está pensado para un público especialista de psicoanalistas lacanianos (a los que de todas maneras, espero les haya gustado, si no servido), sino para un público amplio, pues pretende participar del debate general que se da en Internet sobre la "broma" de Sokal.

En pocos días mas partiré de vacaciones.

Cuando regrese de las mismas agregaré a este trabajo dos o tres partes más.
En particular las siguientes:

Notas

(1) No se puede decir que "el objeto que se raja" sea la mejor traducción de "l' objet qui foire". Las definiciones del "Petit Robert" del verbo "foirer" son: "evacuación de excrementos en estado líquido (uso vulgar)", "mal funcionamiento (uso figurado)", "que gira sin morder o enganchar", "polvora mojada ("qui fait long feu")", "fracasar ("echouer") en forma lamentable". No se me ocurre otra palabra mejor. Pero es evidente que "se raja" no tiene exactamente los mismos sentidos.

(2) Galileo, uno de los puntos fundamentales en el nacimiento de la ciencia moderna, decía que el libro de naturaleza estaba escrito en lenguaje matemático.

(3) Laplace, en el prefacio de su "Théorie analytique des probabilités" : "Una inteligencia que conociera en un momento dado todas las fuerzas que actúan en la naturaleza y la situación de los seres de que se compone, que fuera suficientemente vasta para someter esos datos al análisis matemático, podría expresar en una sola fórmula los movimientos de los mayores astros y de los menores átomos. Nada sería incierto para ella y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante su mirada".

(4) Se puede seguir un análisis similar del tema en una clase que recientemente di en el seminario "El psicoanalista y la práctica hospitalaria", con el título de "Los consejos del 'viejo' Freud"

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