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Sesión del
1 de marzo de 1967
"De la estructura de la satisfacción sexual
en su relación con el sujeto"
Notas de lectura y comentarios
La ubicación de
las citas es indicada con paginación de la edición Paidós
Heterogeneidad de los goces
1 - El resto
En la confrontación del sujeto como producto, como a, con la idea de la unión con la madre (es decir, la confrontación de a con 1) surge el 1-a que aporta el elemento tercero, que funciona como “signo de una falta”, signo de la “pequeña diferencia”.
Con las proporciones entre a, 1, y (1+a), se cumple la definición de Euclides en cuanto a que un segmento está repartido en “razón extrema y media” cuando el segmento completo es a la división mayor como la mayor lo es a la menor. Por eso basta con tres puntos para esquematizarlo.
Lacan reordena estas proporciones considerando como “media razón” la que hay entre a y 1 (esquema anterior, de tres puntos), y definiendo la “extrema razón” como la reproducción de esa misma proporción (de la “media razón”) mediante el agregado (en el siguiente esquema) del segmento de la derecha (de magnitud igual a 1) (de modo que ahora tenemos cuatro puntos), entre cuyos segmentos se cumple que
A / (1 + a) = a/1
Este esquema sirve para representar cómo, para instaurar la pareja, uno de los partenaires debe colocarse frente al otro como un 1 en pie de igualdad (como A=1).
En la relación sexual, en la medida en que el sujeto llega a igualarse al Otro o a introducir en el Otro mismo la repetición del 1, pasa a reproducir la proporción inicial con relación al conjunto, que siempre mantiene apremiante el elemento tercero, representado por a.
En estos esquemas y proporciones reencontramos, bajo una nueva forma, el proceso que, en otros momentos, Lacan formuló como relación entre el sujeto (S) y el Otro (A), en términos de “división”.
En esa “división”, el sujeto se inscribe en el lugar del Otro como marca significante, de donde resultando el cociente de la tachadura de $, y como saldo, lo que lo constituye como inconsciente, la tachadura del Otro Ⱥ. Pero esta operación no es exacta, queda un resto, que es el a.
2 - Heterogeneidad de los goces
El rol que el pene puede tener en lo que concierne a la naturaleza de la relación sexual es simbolizar "la eliminación de ese resto" (190).
La detumescencia crea la ilusión de que no hay resto (ilusión que no por ser engañosa es menos satisfactoria), o que este resto es al menos “evanescente”.La detumescencia en la copulación pone de relieve una de las dimensiones de la castración. La función de la castración está caracterizada esencialmente por la caducidad del objeto. La función del objeto cesible como pedazo separable vehicula primitivamente algo de la identidad, antecediendo en el cuerpo mismo en lo que respecta a la constitución del sujeto en la confrontación significante. El sujeto se constituye a partir de la extracción de ese objeto, más precisamente, de la “separtición” (1), en función de los diferentes objetos “separables” del cuerpo, sea el seno, las heces, la voz, la mirada, y también el falo en función de la detumescencia.
El objeto a inaugura el campo de la realización del sujeto en la relación sexual y, en adelante, conserva allí su privilegio, de modo que el sujeto en cuanto tal sólo se realiza en objetos que son de la misma serie que el a, que ocupan el mismo lugar en esa matriz, son siempre objetos cesible. En otros términos, "si el falo se presenta en la función de a con el signo menos, es porque funciona en la copulación humana, no sólo como instrumento del deseo, sino también como su negativo" (2).
La detumescencia es, al mismo tiempo, lo que da su límite al goce en tanto este sería lo que estaría en el centro de la relación sexual. La idea fantasmática de la descarga de las tensiones pulsionales, justamente, es soportada por la función de la detumescencia como límite al goce.
Todo esto sería algo por demás decepcionante si en la satisfacción se tratara pura y simplemente de goce. Pero hay algo que está presente en la relación sexual, y que constituye su originalidad subjetiva, que es “el Ideal del goce del Otro” (190).De ahí las fantasías y acrobacias eróticas orientadas a lograr la conmensurabilidad de los goces, sea en la ilusión de la sincronicidad temporal, sea en las fantasías de producción de placeres. Sin embargo, cuando nos limitamos a las funciones de los órganos, nada es más precario que este entrecruzamiento de goces. Si hay algo que demuestra la experiencia es "la heterogeneidad radical del goce macho y del goce hembra" (190).
3 - Amor
Lo que se juega en torno al “goce del Otro” es el fantasma del don. Es en tanto ella no tiene el falo que el don de la mujer adquiere un valor privilegiado “en cuanto a ser (el falo)”(3) (191). Ese don de lo que no se tiene es lo que ha denominado “amor”. En la relación amorosa, la mujer encuentra “un goce que es del orden de causa sui“ en tanto que "lo que ella da bajo la forma de lo que no tiene es también la causa de su deseo" (191). "Ella deviene lo que ella crea de manera puramente imaginaria, crea justamente eso que la hace objeto, en tanto en el espejismo erótico ella puede ser el falo, serlo a la vez y no serlo" (191). Por esta vía, la mujer cierra de modo satisfactorio la conjunción genital, en la medida en que el objeto, que ella ha proporcionado por no tenerlo, no desaparece más que mediante la castración masculina, “dejándola en la satisfacción de su goce esencial” (191).
En las "Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina", respecto a la relación de la mujer con el falo, Lacan nos recuerda que el enfoque freudiano conlleva que "la relación de privación o carencia de ser", que el mismo simboliza, "se establece de manera derivada sobre la carencia de tener que engendra toda frustración particular o global de la demanda" (4), cuestionando la posibilidad que dicha mediación fálica pueda drenar "todo lo que puede manifestarse de pulsional en la mujer".
La especificidad de la posición sexual "femenina” aparece como el “esfuerzo de un goce” en su articulación con un deseo "masculino", en la medida en que su realización es "a porfía del deseo que la castración libera en el macho" (5), es decir, un goce de la mujer que realiza su sexualidad en “porfía” sobre un deseo, respecto del cual no hay ni envida ni celos, sino "una manera de jugar, de hacer con, que se añade a ese deseo".
El hecho de que el deseo macho encuentre su propia caída antes de la entrada en el goce de la pareja femenina, e incluso el hecho de que el goce de la mujer se aplaste en la nostalgia fálica, implica que la mujer se ve exigida a no amar al Otro macho más que en un punto situado más allá de aquello que la detiene a ella también en cuanto deseo, que es el falo. El goce de la mujer está en ella misma, no se une con el Otro.
Ella no pierde nada allí, ya que solo pone lo que no tiene, literalmente lo crea. Por eso es siempre por identificación con la mujer que la sublimación produce la apariencia de una creación. Es siempre a la manera de una génesis oscura y estrictamente vinculada con el don de amor femenino, en tanto crea ese objeto evanescente que es el falo omnipotente, que puede haber en algunas actividades humanas lo que se llama creación, ποίησις (poiesis) (191).
4 - Menos y cero
El falo puede ser el pene, en la medida en que "es su carencia respecto al goce lo que constituye la definición de la satisfacción subjetiva a la cual se remite la reproducción de la vida" (191).
En el acoplamiento "el sujeto no puede realmente poseer el cuerpo que él abraza, no conoce los límites del goce posible que podría tener del cuerpo del Otro, pues esos límites son inciertos" (191).Lo esencial de la experiencia masculina es que el desfallecimiento fálico toma siempre el valor renovado de desfallecimiento del ser del sujeto. De ahí la comparación de ese goce con lo que se puede llamar "el retorno de la pequeña muerte".
Esta función evanescente en el goce masculino, donde el hombre pierde no solo su instrumento sino lo que es, tanto para él como para la mujer, el elemento tercero de la relación de la pareja, es el que permite edificar el estatuto de la pura subjetividad y todas las ilusiones del conocimiento. La idea del sujeto del conocimiento es una forjadura de macho en tanto participa de esta impotencia, y consiste en negar el "menos algo" en torno al que se efectúa la causación del deseo.
“Tomar el menos por un cero, es lo característico del sujeto y el nombre propio está aquí destinado a señalar la huella de ello” (192).El rechazo de la castración marca el delirio del pensamiento, la entrada del pensamiento del "je" como tal, en lo real.
En esto consiste el estatuto del "yo no pienso" en tanto que solo lo sostiene la sintaxis.
Notas
(1) Jacques Lacan, El seminario, Libro X “La angustia”, Editorial Paidós, página 256
(2) Idem, página 191
(3) Paidós traduce “en cuanto al ser”.
En francés es “C'est parce qu'elle n’a pas le phallus que le don de la femme prend une valeur privilégiée quant à l'être”. Ese « l’être » no es frozosamente « el ser » sino “serlo", es decir, "ser el falo”(4) Jacques Lacan,"Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina", Escritos 2, Editorial Siglo XXI, página 693
(5) Idem