Michel Sauval - Psicoanalista Jacques Lacan, Seminario "Lógica del fantasma", Lectura y comentarios de Michel Sauval

Sesión del 19 de abril de 1967
"Sobre el valor de goce"

Notas de lectura y comentarios
La ubicación de las citas es indicada con paginación de la edición Paidós

Verdad y valor de goce

1 - Mercado de la verdad

La introducción del "valor de goce" cuestiona en su raíz todo discurso que pueda intitularse discurso de "la verdad" (230), al menos en la medida en que esa pretensión de "la verdad" pudiera entrar en competencia con el "discurso del inconsciente", en tanto este está realmente articulado por ese "valor de goce". Esta eventual "competencia" expresa la problemática de que algo, en el "estatuto" mismo del psicoanalista, en aquello "que lo instituye como psicoanalista" (230), hace "resistencia" a lo que Lacan ha introducido en sesiones previas.
Esta situación sería la que motiva que en esta ocasión proceda de una manera "erística" (1) antes que "apodíctica" para retomar la articulación ternaria entre el a, el valor 1 (que solo está para dar su sentido al valor a), y un segundo valor 1. En particular, la necesidad en la que se encontraría de dirigirse a los no analistas para que, desde ese "punto de reflexión", su discurso "vuelva a los oídos de los psicoanalistas" (230). Eso que hace "resistencia" aparece en esa "suerte de glotonería ligada a la insttiución psicoanalítica y que está constituida por la idea de hacerse reconocer en el plano del saber" (231), y que abrirá la pregunta ¿"de qué goza" el analista "en el lugar que ocupa"? (233).

El valor de goce está en el principio de la economía del inconsciente” (231).
El inconsciente “habla del sexo”, nos designa “las vías de un saber” (231).
Cuando el inconsciente habla "del" sexo, ¿puede decirse que "dice el sexo"?, ¿"dice la verdad"? (231)
Que "hable" no resuelve "qué dice".¿Dice el inconsciente la verdad sobre el sexo? (231)

El problema ya se le planteó a Freud con el caso de la joven homosexual femenina y sus sueños aparentemente "mentirosos".
Recordemos que, a poco de iniciado el tratamiento, la paciente presenta "una serie de sueños que, convenientemente desfigurados y vertidos en un correcto lenguaje onírico, eran empero de traducción fácil y cierta. Ahora bien: su contenido, interpretado, era sorprendente. Ellos anticipaban la cura de la inversión por el tratamiento, expresaban su júbilo por las perspectivas de vida que ahora se le abrían, confesaban la añoranza por el amor de un hombre y por tener hijos y, así, podían saludarse como feliz preparación para la mudanza deseada. La contradicción respecto de sus contemporáneas exteriorizaciones de vigilia era harto grande. Ella no me escondía que meditaba, sí, casarse, pero sólo para sustraerse de la tiranía del padre y vivir sin estorbo sus reales inclinaciones".

El planteo de Freud es el siguiente: "El sueño no es lo «inconsciente»; es la forma en que un pensamiento que ha quedado pendiente desde lo preconsciente, o aun desde lo consciente de la vida de vigilia, pudo ser trasegado merced a las condiciones favorables del estado del dormir (ver nota). Dentro de este último, ganó el apoyo de mociones inconscientes de deseo y experimentó así la desfiguración por obra del «trabajo del sueño», que está determinado por los mecanismos que rigen para lo inconsciente. En nuestra soñante, el propósito de engañarme, tal como solía hacerlo con su padre, provenía del preconsciente, si es que no era consciente; ahora bien, pudo abrirse paso en la medida en que se conectó a la moción inconsciente de deseo de agradar al padre (o a su sustituto), y así creó un sueño mendaz. Los dos propósitos, el de engañar al padre y el de agradarle, provienen del mismo complejo; el primero creció por la represión del segundo, y este es reconducido al primero por el trabajo del sueño. Por tanto, ni hablar de una depreciación de lo inconsciente, de un debilitamiento de la confianza en los resultados de nuestro análisis" (2). El sueño es la vía regia del inconsciente, pero no es, él mismo, el inconsciente.

La cuestión de la verdad, al nivel del inconsciente, fue planteada con el surgimiento de "esa entidad" que dice "yo, la verdad, hablo" (3). Y ya que es "la verdad" la que "habla", no necesita decir la "verdad".
Oímos “lo que la verdad dice”. Oímos lo que dice, “en el síntoma” (232), es decir, en algo que cojea. "Esa es la relación del inconsciente, en tanto que habla, con la verdad" (232).

Como lo señalará en la última sesión del seminario, el inconsciente no es "un sujeto a parte entera", "hay una anterioridad lógica del estatus de la verdad respecto de cualquier cosa calificable como sujeto que pueda alojarse allí" (341).

Hay lenguaje anterior a que se suponga un sujeto que sepa alguna cosa.
Con la afirmación de Lenin "la teoría de Marx es omnipotente porque es verdadera" (4) (ya comentada la primera sesión de su seminario anterior, publicada bajo el título de "La ciencia y la verdad" (5)), Lacan insiste en la separación entre verdad y saber.
Por eso, la pregunta por "la fuerza" de "la verdad" habría que plantearla en el campo que, metafóricamente, llamará el "mercado de la verdad" (232), donde, si el resorte de ese mercado es el “valor de goce”, “algo se intercambia en él que no es la verdad misma” (233).
Esto implica que el lazo de quien "habla", a "la verdad", no es el mismo según el punto donde él "sostiene su goce" (233).

Esa es la dificultad de la posición del analista: "¿de qué goza en el lugar que ocupa?" (233).
Ese es el horizonte de la pregunta que Lacan introdujo en su punto de fisura bajo el término del “deseo del psicoanalista”.

En ese intercambio que se transmite por una palabra (cuyo horizonte está dado por la experiencia analítica), el objeto del intercambio no es la verdad en sí misma.
Los psicoanalistas que asisten al seminario quieren saber lo que pueden hacer con la verdad, empujados por una “situación embrollada en cuanto al valor de goce ligado a su posición de psicoanalistas” (233).

2 - Ser y tener

El “valor de goce” toma su origen en la falta que marca el complejo de castración, es decir, la prohibición del autoerotismo, que recae en un órgano preciso que no tiene otro rol, o función, que introducir ese elemento de unidad en la inauguración de un estatuto de intercambio, de donde depende todo lo que luego será economía en el ser hablante del que se trata en el sexo. Y lo importante es ver la reversión que resulta de esto.

El falo designa ese "algo llevado al valor por ese menos que constituye el complejo de castración, ese algo que constituye la distancia del objeto a con la unidad del sexo" (240).
Es a partir de ahí que el ser que será llevado a la función de partenaire en esa prueba del acto sexual donde es puesto el sujeto, la mujer, “va a tomar su valor de objeto de goce” (240).

Ya no se trata de "él goza" sino de "él goza de". El goce pasó de lo subjetivo a lo objetivo, al punto de deslizarse al sentido de posesión, ese viraje que hace que del partenaire sexual un objeto fálico.

Es en el sentido del hombre hacia la mujer por donde la operación es más escandalosa, ya que la operación también es articulable en el otro sentido, con la diferencia que la mujer no tiene que hacer el mismo sacrificio puesto que el mismo le ha sido acreditado al comienzo.
La ficción macho sería "on est ce qui a", “uno es aquello que tiene” (algo, o lo que hay) (241). Y "on a ce qui est", “uno tiene lo que es”. "Lo que es" es el objeto del deseo, es la mujer.

Lacan corrige esta "ficción simplona" recordando la formulación final de su escrito "La dirección de la cura y los principios de su poder", cuando señala "ese falo cuya recepción y cuyo don son para el neurótico igualmente imposibles, ya sea que sepa que el Otro no lo tiene o bien que lo tiene, porque en los dos casos su deseo está en otra parte: es el de serlo, y es preciso que el hombre, masculino o femenino, acepte tenerlo y no tenerlo, a partir del descubrimiento de que no lo es" (6)(negritas mías). En otros términos, es porque el hombre tiene el órgano fálico que no lo es, "on n'est pas ce qu'on a", "uno no es lo que no tiene". Por eso, del otro lado, “uno es lo que no tiene”, es decir, es en tanto no tiene el falo que la mujer puede tomar ese valor (241).

Sobre estas relaciones entre el ser y el tener se han promovido resistentes confusiones. En particular, en la formulación aforística de la definición del amor como "dar lo que no se tiene, a quien no lo es".
En efecto, pocos meses, antes del Coloquio Internacional de Royaumont en el que Lacan presentó el informe sobre "La dirección de la cura....", en la sesión del 23 de abril de 1958, se le atribuye decir "de lo que se trata para el hombre, de acuerdo con la propia definición del amor, dar lo que no se tiene, es de dar lo que no tiene, el falo, a un ser que no lo es" (negritas mías) (según las ediciones Seuil y Paidós), cuando en la estenotipia podemos leer lo siguiente: "ce don't il s'agit, selon la définition même de l'amour, c'est de donner ce qu'il n'a pas, c'est de donner, pour l'homme, ce qu'il n'a pas, a un être qui n'a pas ce qu'il n'a pas, c'est a dire, qui n'a pas le phallus". Esto puede traducirse del siguiente modo: "de lo que se trata, según la definición misma del amor, es de dar lo que no tiene, es de dar, para el hombre, lo que no tiene, a un ser que no tiene lo que él no tiene, es decir, que no tiene el falo". Es decir, algo contrario a lo transcripto en las ediciones Seuil y Paidós y concordante con el informe sobre "La dirección de la cura..." y con lo que estamos viendo en la sesión de este seminario.
¿Por qué cambiaron, en la transcripción de esa sesión del 23 de abril de 1958, "un ser que no tiene lo que él no tiene, es decir, que no tiene el falo", por "un ser que no lo es"? (7)

Todo sería muy sencillo si las cosas pudieran resolverse con este pacto simbólico entre dos seres privados del falo, donde uno creería poder darlo, y el otro creería poder recibirlo. Pero, como venimos viendo, las relaciones del deseo son un poco más complicadas. La "posición" aparentemente "común" no es la de "no tener", sino la de "no ser". En el caso de la mujer, "para todo lo que se encuentra en la línea de su deseo", se encuentra en la necesidad de identificarse al falo, "en tanto que es el propio signo de lo deseado", "su satisfacción pasa por la vía sustitutiva, mientras que en el plano donde su deseo se manifiesta, termina por fuerza, en una profunda Verwerfung, una profunda ajenidad de su cuerpo respecto a lo que es su deber parecer"; y en el caso del hombre, "él tampoco es él mismo en tanto que satisface, es decir, obtiene la satisfacción del Otro, sino que solo se percibe como el instrumento de dicha satisfacción" (8). Esto es lo que el inconsciente dice sobre el sexo, lo que hemos aprendido a leer en su discurso.

Allí donde el complejo de castración se plantea como originario en la función económica del goce, muchos psicoanalistas proponen el término "libido objetal". Para Lacan, si hay algo que merezca ese nombre es el reporte de la función negativizada que está fundada en el complejo de castración. Contrariamente a la idea que la libido objetal se extraería del reservorio del narcisismo, lo que es reportado como libido objetal es el “valor de goce” interdicto en el punto preciso del órgano constituido por el falo, esa función negativizada (242).

Para decir que una cosa es extraída de otra cosa hay que suponer que están separadas por un corte y que algo juega función de borde. No hay homomorfismo, no hay estructura tal que el colgajo fálico pueda captarse como una parte de la investidura narcisista. Lacan cuestiona la falsa asimilación entre el uno y el otro que permite construir el narcisismo, dejando el objeto dentro de los límites de este, y que es doctrina en las teorías tradicionales del amor.

La relación en juego en “la economía del goce es distinta de la libido de objeto” (242)

3 - La "montura" del sujeto

El objeto a es la "montura" del sujeto, metáfora que implica que "el sujeto es la "joya", y a, la "montura", lo que lo soporta, lo enmarca" (234).
El objeto a, Lacan lo ha definido e imaginarizado como lo que hace caída (“ce qui fait chute”) en la estructura al nivel del acto más fundamental de la existencia del sujeto, el acto donde el sujeto se engendra como tal, a saber, la repetición.

"El efecto significante, significando lo que repite, eso es lo que engendra el sujeto y algo que de ahí cae" (9) (234).
El corte del doble bucle (el plano proyectivo, el cross-cap) recorta esos dos elementos que son, la banda de Moebius que hace figura del soporte del sujeto, y el redondel que queda, que es ineliminable de la topología del plano proyectivo.

.,

Este objeto a está soportado de una referencia numérica para figurar lo que tiene de inconmensurable en lo que concierne, en su funcionamiento de sujeto, cuando ese funcionamiento opera al nivel del inconsciente, y que no es más que el sexo.
El número de oro simboliza el inconmensurable que cierne más lentamente los intervalos en los que puede localizarse.
Es decir, el que, para llegar a cierto límite de aproximación, de todas las formas, casi infinitas del inconmensurable, requiere más operaciones.

Si a es reportado sobre el 1, tendremos a2 igual a la diferencia (1 - a) respecto de 1.
Esa equivalencia es la misma que esta otra donde (1 + a)= 1 / a

4 - "Unidad-sexo"

Veamos como el detalle de los reportes que siguen al primer reporte de a sobre 1.
Si reportamos a2, que es igual a (1 - a), sobre el segmento a marcado previamente dentro de 1, y que funcionaría como su "nuevo" 1, se engendra un a3, el cual, reportado del mismo modo sobre el a2, dará un a4, y así sucesivamente.

De este modo, partiendo de cada lado del segmento 1 se despliegan las series de las potencias pares e impares de a que, proseguidas al infinito, convergen en un punto tal que de un lado tendremos el valor a para la sumatoria de la serie de las potencias pares, y del otro lado, el valor a2 para la sumatoria de las potencias impares.
Así se inscribirá, al final de la operación, lo que, en la primera operación estaba ya marcado como la diferencia. Ahora, al a, vendrá a agregarse el a2, realizando, con su suma, un 1 constituido por la complementación de a con ese a2.
Es decir, encontramos constituida, por la sumatoria de todos los restos, la misma equivalencia que valía para el punto de partida: a2 = 1 - a, que es lo mismo que a + a2 = 1

Pero estos Uno, no son "iguales".
Al principio, el primer Uno no está ahí más que para dar lugar al valor inconmensurable a.
En cambio el segundoUno es el límite de la sumatoria de una serie infinita de potencias de a

Esta operación imaginariza "lo que se realiza en la vía de la pulsión sexual bajo el nombre de sublimación" (235).
Pero la sublimación no nos permite alcanzar ese 1 perfecto, ubicado en el horizonte del sexo, ya que queda, entre las dos series de potencias, pares e impares, del mágico a, “algo como una hiancia, un intervalo” (236). La experiencia así lo indica..

Como deciamos recién, el primer 1, aquél sobre el cual proyecté la sucesión de las operaciones, no está ahí más que para figurar el problema al que está confrontado el sujeto que se articula en el inconsciente, a saber, el sexo.
En cambio, el segundo 1, el que resulta de la sumatoria de las series que convergen en ese punto intermedio, "es el lugar de la sexualidad" (236).

El primer 1 figura simplemente que, para hablar de inconmensurable, necesito una unidad de medida. Y no hay unidad de medida mejor simbolizada que por el 1.
El sujeto, bajo la forma de su soporte a, "se mide al sexo" ("se mide" en el sentido de una constrastación comparativa).
"El 1 es la unidad-sexo, nada más" (239), el "patrón de medida" del sexo..

¿Acaso esas cuentas nos darían la subjetivación del sexo?
¿Acaso ese primer 1 podría ser un significante, sea masculino o femenino?

Si un significante es lo que representa un sujeto para otro significante, debería ser este un terreno propicio para imaginar alguna posibilidad de subjetivación del sexo.
Por ejemplo, un sujeto, manifestándose como macho, sería representado como tal, ante un significante designando el término hembra (siendo la recíproca verdadera).
Si la relación sexual existiese, “eso significaría que el sujeto de cada sexo podría tocar algo en el otro, al nivel del significante” (237).
Eso no requeriría de parte del otro, “ni consciencia, ni inconsciencia, solo el acuerdo” (238).

La relación del significante al significante nos maravilla a veces cuando encontramos algunos tropismos a nivel animal.
Esos significantes, hechos para que uno represente al otro, en estado puro el sexo opuesto, existen a nivel celular: eso se llama cromosoma sexual.

Sería sorprendente si pudiéramos establecer que el origen del lenguaje, es decir, lo que ocurre antes de que engendre al sujeto, tuviese alguna relación con estos juegos de la materia.
Sin embargo, esto es lo que terminará planteando la lingüística generativa de Chomsky con la suposición de que el lenguaje es un órgano, y que en el innatismo del lenguaje también se encuentran las leyes de su gramática y su sintaxis.

En el orden de lo que se llama pensamiento, durante el transcurso de los siglos no se ha hecho otra cosa que hablar como si este punto estuviese resuelto.
Durante siglos el conocimiento no ha hecho más que parodiar lo que sería, lo que ocurriría, si el acto sexual existiese, definiendo
significantes primordiales, sean el purusha y prakriti hindúes, o el animus y el anima, etc.

El 1, de la unidad de la unidad de medida, converge con el 1 que reina en el fundamento mental de los psicoanalistas bajo la forma de la virtud unitiva, figurando en el principio de todo lo que desarrollan discursivamente sobre la sexualidad.
El pequeño "bebé" en el seno de la madre representaría el paraíso de la fusión del yo y el no-yo, sería la piedra angular sin la cual nada podría pensarse de la economía de la libido.

Lacan es taxativo sobre este asunto: "todo aquél que quede atado de alguna manera al esquema del narcisismo primario" no tiene nada que ver con su enseñanza (240).

Notas

(1) Seuil y Paidós transcriben "heuristique" ("heurística"). Staferla y la estenotipia transcriben "éristique" ("erística"). En francés suenan muy parecido (la sola diferencia de "eu" a "é"). Sin embargo, son referencias diferentes.
La heurística (del griego εὑρίσκειν),​ significa «hallar, inventar» (el pretérito perfecto de este verbo es eureka). Cuando se usa como sustantivo, se refiere a la disciplina, el arte o la ciencia del descubrimiento.
La erística (de Eris, la antigua diosa griega del caos, la lucha y la discordia), en filosofía y retórica, es una disciplina que comenzó a desarrollarse en Grecia a finales del siglo IV, se centra en los principios que rigen el debate y la argumentación dialécticos. Se refiere a un tipo de argumentación que se enfoca en terminar con la disputa con éxito de un argumento en lugar de acercarse a una realidad dada. Un razonamiento erístico es el que parte de cosas que parecen plausibles pero no lo son, y también el que, pareciendo un razonamiento (y no siéndolo), parte de cosas plausibles o de cosas que lo parecen.

(2) Sigmund Freud, "Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina", Obras Completas, Editorial Amorrortu Tomo XVIII, páginas 158/159

(3) Jacques Lacan, "La cosa freudiana o el sentido del retorno a Freud en psicoanálisis", Escritos 1, Editorial Siglo XXI.

(4) En "La ciencia y la verdad " Lacan dice: "Que Lenin haya escrito ‘la teoría de Marx es todopoderosa porque es verdadera’, es dejar vacía la enormidad de la cuestión que abre su palabra: ¿por qué, suponiendo muda a la verdad del materialismo bajo sus dos rostros que no son más que uno: dialéctico e histórico, por qué hacer su teoría, acrecentaría su poder? Contestar por la conciencia proletaria y por la acción del político marxista no nos parece suficiente. Por lo menos se anuncia allí la separación de poderes de la verdad como causa y del saber puesto en ejercicio".
El texto de Lenin donde encontramos la cita del escrito de Lacan es, "Tres fuentes y tres partes integrantes del Marxismo": "La doctrina de Marx es omnipotente, porque es exacta. Es completa y armónica, da a los hombres una concepción del mundo íntegra, inconciliable con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. Es la legítima heredera de lo mejor que creó la humanidad en el siglo XIX, bajo la forma de la filosofía alemana, la Economía política inglesa y el socialismo francés".

(5) El escrito "La ciencia y la verdad" es la versión estenográfica de la primera sesión del seminario XIII "El objeto del psicoanálisis".
Su primera publicación fue en el primer número de "Cahiers pour l'analyse", "La science et la vérité "

(6) Jacques Lacan, "La dirección de la cura y los principios de su poder", Escritos 2, Editorial Siglo XXI, página 611

(7) Michel Sauval, "El amor es dar lo que no se tiene...¿a quién no lo es?", Revista Acheronta n° 25

(8) Jacques Lacan, El Seminario, Libro V, "Las formaciones del inconsciente", Editorial Paidós, página 359

(9) En la transcripción de Staferla es "le fait du signifiant, signifiant qu'il répête, voilá ce qui engendre le sujet et quelque chose en tombe", es decir, "el hecho del significante, significante que repite, es lo que engendra....".
La frase comienza con una posible homofonía entre "le fait" ("el hecho") y "l'effet" ("el efecto").
JAM, al optar por "efecto", lleva a interpretar el segundo "signifiant" como verbo ("significando"), y no como sustantivo ("significante") (en francés no solo son homofónicos sino que se escriben igual), y traducirlo por "significando lo que", lo que le permite dar "sentido" al "il répete".
En esta transcripción, lo que engendraría el sujeto, y lo que de ahí cae, sería un "efecto de significante", es decir, una significación ("que significa") de lo que se repite.
En la transcripción de Staferla, lo que engendraría ese sujeto, y lo que de ahí cae, sería "el hecho del significante, significante que repite", es decir, el hecho de la repetición del significante.
Hay un par de detalles que avalarían la opción de JAM.
Por un lado, en la estenotipia hay, agregado a mano, un "ce" a continuación del segundo "signifiant" que validaría el sentido verbal de ese "signifiant", y que es a lo que se atiene JAM en la transcripción de Seuil: "signifant ce qu'il répête"
.
Y por otro lado, Nassif, en sus notas, aunque opta por la transcripción de "le fait", en el resto de la frase se inclina por esa primera alternativa:" le fait du signifiant, signifiant ce qu'il répête, voilá ce qui engendre le sujet, et quelque chose en tombe" (Lettres de l' EFP n° 4, página 13), "el hecho del significante, significando lo que él repite, he ahí lo que engendra el sujeto, y algo que de ahí cae".
Finalmente, tenemos la interpretación clásica de que el sujeto, en tanto "efecto del significante", fue formulado ("La instancia de la letra....") al nivel de la "significación".
En cambio, vale para la segunda opción que la frase se refiere a la repetición, respecto de la cual no tiene sentido hablar de lo que ella "significa", sino de la repetición del signficante. El sujeto, en ese caso, no vale por la "significación", sino por este corte topológico del que cae el objeto a, que es de lo que se trata a continuación con la banda de Moebius.

 

Vover al índice de notas y comentarios de la sesión del 19 de abril 1967