Michel Sauval - Psicoanalista Jacques Lacan, Seminario "Lógica del fantasma", Lectura y comentarios de Michel Sauval

Sesión del 18 de enero de 1967
"Del pensamiento a lo impensable"

Notas de lectura y comentarios
La ubicación de las citas es indicada con paginación de la edición Paidós

Ello e Inconsciente

1 - Negación, lógica y gramática

El inconsciente es un pensamiento que no es "je", sin por ello acotarse a una opción como "yo es otro" (1), que sería insuficiente.
Precisar su articulación lógica requiere
la función del Otro como lugar de la palabra.

Cuando Freud nos habla de ese pensamiento que "no es yo", como en el caso de los pensamientos del sueño (traumgedanken), señala que parecen funcionar al margen de toda lógica: "el sueño renuncia a figurar las relaciones lógicas" (2). Ni la contradicción, y ni la negación, ni la articulación causal, ni la subordinación o el condicionamiento podrían representarse allí, "las relaciones lógicas entre los pensamientos oníricos no encuentran en el sueño una figuración particular" (3). "Será la interpretación del sueño la que habrá de restaurar la trama que el trabajo del sueño aniquiló" (4).

Este planteo supone una antinomia con el presupuesto de una lógica pedagógica que se funda en un esquema de adaptación. Para entender el sentido de esta "renuncia a figurar las relaciones lógicas" es importante precisar las diferentes negaciones que el término "contradicción" recubre, y especialmente, diferenciar dos dominios que suelen superponerse respecto de esta cuestión, que son la gramática y la lógica.
Un buen ejemplo de esta superposición es el tipo de negación más común y corriente que consiste en caracterizar una clase con un predicado, y a partir de ahí, designar lo que queda por fuera de ese campo como lo no adjunto a ese predicado. Por ejemplo, "está lo negro y además ... todo lo que no lo es". Este tipo de negación es solidaia de la afirmación del "universo del discurso" y combina el nivel de la gramática en tanto hace funcionar la negación como concepto e intuición. Lacan la llama negación "complementaria".

Esta forma de negación es la que suele montarse sobre lo que Freud plantea cuando articula el primer paso de la experiencia subjetiva a partir del principio de placer, ordenando un "yo" y "no yo" en función de la oposición "lust-unlust". En realidad, lo que se toma aquí como una negación no es más que el desconocimiento narcisista a partir del cual el sujeto se alinea en lo imaginario. Por eso Lacan la llama "desconocimiento" ("méconnaissance").
Sin embargo el Ich-Außenwelt no es del mismo registro que la complementariedad impuesta por el universo del discurso que la gramática segrega constantemente al no tener en cuenta la duplicidad del sujeto del enunciado y del sujeto de la enunciación. En particular, esta negación, una vez redoblada en la denegación freudiana, permite que aflore el nivel de lo simbólico y funcione la lógica del sujeto (ver notas y comentarios sobre la "verneinung" freudiana).

En relación a la lógica clásica, que no es otra cosa que la gramática de un universo del discurso, el desarrollo de los estoicos sobre cómo tienen que encadenarse las proposiciones con respecto a lo verdadero y lo falso nos ofrece un tercer tipo de negación. De la relación de implicación, con la paradoja del adagio “ex falso sequitur quod libet”, es decir, que de lo falso se pueda deducir tanto lo falso como lo verdadero, resulta un tipo de negación diferente a los dos anteriores, que no juega a nivel del predicado sino al nivel de lo que Aristóteles llamaba un “propio” . En la implicación, la negación invierte el orden de las proposiciones (por la regla de inferencia "modus tollendo tollens") de modo que si tenemos “p implica q”, la negación será “no q sin p”, donde lo que importa ya no es si p es verdadero o falso, sino la necesidad lógica del antecedente para determinar el consecuente, es decir, la necesidad que liga q a p, el "no sin" ("pas sans"), tal como la denomina Lacan (“pas sans”, “no sin”). En otros términos, no es necesario un universal verdadero para demostrar o justificar un particular verdadero: con la inversión de la implicación, la condición que los relaciona deviene necesaria, y ese es el valor del "no sin" ("pas sans") (ver notas y comentarios de la sesión del 7 de diciembre).

Pero la negación más fundamental es la que resulta con la alienación como elección imposible entre el “yo no pienso o el yo no soy”.
Lo que la negación de la conjunción y su transformación por las leyes de dualidad en la negación disyunción (ver notas y comentarios de la sesión del 11 de enero), hace surgir es al Otro y el rechazo de la cuestión del ser que instaura el cogito

2 - Cogito y recurso al Otro

En sus meditaciones metafísicas Descartes busca establecer en las ciencias “algo firme y seguro(5) . Para ello hace pasar todo lo que es, o pretende ser, por el filtro de la duda metódica. Esta etapa, la del “dubito”, que antecede a la formulación del “cogito”, procede a un vaciamiento, funciona como una empresa de anti-certeza que, paradojalmente, en corto circuito, va a fundar una certeza sobre el axioma de una conjunción entre el pensamiento y el ser, es decir, que para pensar, hay que ser. En la segunda meditación concluye que “es preciso concluir y dar como cosa cierta que esta proposición: yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera, cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu(6).

Este pasaje marca un segundo tiempo, en el que el “dubito”, la duda, se vuelca en una certeza. Ahora bien, ¿qué pasa si paro de pensar, si no pienso? Antes de encarar lo que denomina un “rechazo de la cuestión del ser”, vimos como Lacan proponía una escritura alternativa de la fórmula canónica, con dos puntitos: “cogito: ergo sum” (76), que ubica el “luego yo soy” como un simple pensamiento más, y el “yo pienso” como la enunciación de dicho pensamiento, a semejanza de como lo formulaba en el seminario IX sobre la Identificación, al plantear el cogito como un acto de palabra (7).

El "paso cartesiano" limita la instauración del ser como tal al ser del "yo soy" a partir del puro funcionamiento del sujeto del "yo pienso" y su apariencia de transparencia en un soy-pensamiento, que solo se sitúa en el momento en que ya solo se soporta al articular "yo pienso". Pero esa posición es insostenible si no se completa de un sum ergo deus est (8). La función del Otro es esencial al cogito, ya que es con quien Descartes argumenta, haciéndolo renunciar una a una a todas las vías del saber (primera "meditación"), hasta hacerle confesar que es necesario que “yo” sea “yo”, para haberle hecho recorrer ese camino, de tal modo que el “yo soy” que este Otro otorga no es más que un conjunto vacío, puesto que se constituye por no contener ningún elemento.

Como hemos visto, el “yo pienso” es una operación de vaciamiento del “yo soy”, y por esa vía deviene un “yo escribo”. En otros términos, el sujeto no se encuentra solamente en posición de agente del “yo pienso” sino de sujeto determinado por el acto mismo en cuestión. Esto se expresa en latín en la diátesis media corriente, por ejemplo loquor (que designa el punto en que el sujeto se determina como ser hablante). La voz media, en una lengua, designa esa falla entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación.

El cogito es tanto el lugar donde se origina esa repetición constitutiva del sujeto, como el lugar donde se instaura un recurso al gran Otro, tomado él mismo en el desconocimiento, en tanto que ese Otro es supuesto como no afectado por la marca.
Es decir, se supone que ese Dios no escribe.
La negación de la reunión del "yo pienso" y el "yo soy" viene a ser tomar acto de sus consecuencias y traducirlas escribiendo que "no hay Otro"

El único estatuto que vale del Otro es como lugar de la palabra, es decir, "sin otra especie de existencia que el de lugar donde la aserción se plantea como verídica" (113). Pero, decir "que no tiene existencia", no lo puedo decir sin volver a apelar a él, hacerlo surgir cada vez que hablo.

Las matemáticas nos permiten articular mejor esta no existencia que no puedo decir, pero que puedo escribir: S(), el equivalente del "Uno en más" que "es también lo que falta en la cadena significante en tanto que, muy precisamente, no hay universo del discurso" (71).
El recurso al Otro es donde remito a quienes hablo para ver inscribirse ahí los signos de nuestras convenciones iniciales. Habiendo hablado, puedo entonces escribir y mantener lo que he dicho. No hay progresión sin este movimiento de ida y vuelta entre lo que articulo en mi discurso y lo que escribo como habiendo sido establecido. En esto se funda el curso de la demostración matemática del razonamiento por recurrencia, es decir, que lo que es cierto para N, lo podrá ser para N+1, y así para toda la serie. Proceso en el que, según Russell, llegamos al punto en que ya no "sabemos de qué estamos hablando, ni si lo que estamos diciendo es verdad" (9).

Este recurso al Otro es, en todo efecto del pensamiento, absolutamente determinante. En su discusión con el "insensato" que dice que "no hay Dios"(10), San Anselmo lo conduce a un impasse. Si ese "insensato" habla de Dios, se refiere al ser más perfecto. Y si dice que no existe, no sabe lo que dice ya que está claro que no basta con que la idea del ser más perfecto exista como idea para que ese ser exista. Pero si tiene esa idea del ser más perfecto y ese ser no existe, entonces esa idea es inadecuada puesto que se halla separada del hecho que ese ser puede existir y que, en tanto existente, sería más perfecto que una idea que no logra implicar la existencia. La esencia mas perfecta implica la existencia, a diferencia de la idea imperfecta que no la implica. Y de ese modo demuestra la impotencia del pensamiento en aquel que lo articula. En suma, "filosóficamente es insostenible todo lo que se fundaría en una forma de existencia cualquiera de este Otro" (115).

Debemos precisar el estatuto de ese Otro "donde no puedo hacer otra cosa que establecerme, cada vez que se articula algo que corresponde al campo de la palabra" (115).
Todo se reduce al hecho de que el "pienso" produce sentido, del mismo modo que cualquier sin sentido produce sentido, con la sola condición de que sea mantenida cierta forma gramatical.
Todo lo que tiene una simple forma gramatical hace sentido. Y a partir de ahí, no puedo ir más lejos.

El alcance lógico que implica toda operación del lenguaje se afirma en lo que llamamos la alienación, la cual no significa que nos sometemos al Otro sino que "nos percatamos de la caducidad de todo lo que se funda solamente sobre este recurso al Otro" (115).

3 - Ello y Gramática

La no reunión en el Otro del "yo pienso" y el "yo soy" se traduce en una disyunción entre dos sujetos: "yo no pienso o yo no soy".

La elección resulta forzada por la pérdida que se pone en juego. A partir del momento en que el “yo” es elegido como instauración del ser, tenemos que ir hacia el "yo no pienso". A diferencia de la “alienación” del par “alienación y separación” del seminario XI, donde la elección forzada lleva al “sentido” (perdiendo el “ser”), en este caso, siguiendo la formulación del cogito, la elección por el “sum” vaciado de contenido, es decir, un “ser” sin “je”, con el “je” (de la intersección) negado, es equivalente (como vimos por las leyes de la dualidad de De Morgan) a “no pienso”, con un “pas je”.

Por un lado tenemos un “ser” acéfalo que se presenta como “no pienso”, y por el otro lado tendremos un “pensar” acéfalo que se presenta como “no soy”.
Una diferencia de aspecto morganiano se anima en la medida en que una elección forzada la vuelve asimétrica(11).

La elección es forzada en tanto el “no pienso” es menos “peor” que “no soy”. O mejor dicho, se puede elegir el “no pienso” como “falso” “ser” (en tanto que acéfalo) del Ello, pero no se puede elegir el “no soy” donde no puedo decir “je” de ningún pensamiento, no puedo elegir el Inconsciente (a lo sumo será el inconsciente el que imponga esa elección, vía sus formaciones). Podemos decir que esta segunda opción permanece “reprimida”. En una elección entre partes que no son excluyentes sino que comparten una intersección, no solo se pierde el término que no se elige sino también parte del que se elige, ya que las partes no son “todas”. Pero el punto es que lo “perdido” no desaparece, sino que sigue actuando, “retorna” de algún modo (como ocurre con la lo reprimido)..

El estatuto del pensamiento, en tanto que se realiza ahí la alienación como caída del Otro, está compuesto por ese campo blanco (arriba a la izquierda, en el gráfico anterior) que corresponde al estatuto del "je" que se articula de un "no pienso" (tal como reina sobre la mayor parte de los contemporáneos), y el complemento de lo que Freud llama "Es", que le viene de la parte caída de esta alienación, de "ese lugar del Otro desaparecido, en lo que queda como siendo el "pas je"", "la estructura gramatical" (116).

En esta posición el cogito se reformula como un “no pienso, soy”. La parte del “no pienso” es la gramática, y el “soy” es acéfalo, un sujeto sin inconsciente (aunque, como veremos, el inconsciente podrá ser invocado a partir de este “no pienso”). El “no pienso” queda mochado del soy de la intersección negada: “El no-yo (je)que se supone allí, no es, por no ser, sin ser. Es claramente ello lo que lo designa(12) .

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La gramática, en esta lógica regida por la negación, dirigida por turno sobre el Otro y sobre el sujeto, no es más que una rama de la alternativa en la que está tomado el sujeto. Y si se definió por todo lo que en el discurso no es yo, es porque el sujeto resulta el efecto.
Para Lacan, esta estructura gramatical es la que le da su campo completo y ordenado a lo que hace Freud cuando quiere articular la pulsión, en particular con los ejemplos de la pulsión escoptofílica y la pulsión sadomasoquista.

El "Ello" excluye al "yo" pero no al lenguaje, es efecto del lenguaje: abrocha la satisfacción pulsional a una articulación gramatical, tal como ocurre en la frase fantasmática que soporta la pulsión. No es sino en un mundo de lenguaje que "un niño es pegado" adquiere su valor de pivote (ver notas y comentarios), o que el sujeto de la acción puede hacer surgir la pregunta que lo soporta: ¿para quién actúa?
El fantasma no es más que un montaje gramatical que se ordena siguiendo las distintas alteraciones del destino de la pulsión. El fantasma está cerrado sobre sí mismo, habiendo volcado el sujeto su esencia de sujeto en lo que queda como articulado del pensamiento: la articulación gramatical de la frase.

4 - Inconsciente y Lógica

Ese concepto de gramática pura, lejos de articularse, como en Husserl con la lógica de la contradicción (la que, a su vez, se articula sobre una lógica de la verdad), en la medida en que permite ubicar bien los fantasma y el yo que es su matriz, ese concepto de gramática debe funcionar en forma inversa, es decir, permitir constatar que está lo agramatical que sin embargo también es lógica, y que la lengua bien hecha del fantasma no puede impedir esas manifestaciones de verdad que son el chiste, el acto fallido o el sueño, manifestaciones en relación a las cuales el sujeto solo puede ubicarse del lado de un “yo no soy”.

Son estas estructuras gramaticales las que dan su ley a la función del deseo. Pero esto no puede ser dicho sino repitiendo estas articulaciones gramaticales, exhibiendo las frases en las que se funda lo siguiente: "que el sujeto debe alojarse en ellas" (117).
Nada puede ser dicho de esto salvo lo que escuchamos de hecho: el sujeto en su queja, "en la medida en que él no se halla allí, en que el deseo que él funda allí, tiene para él este ambiguo valor de ser un deseo que el no asume, que él no quiere mas que a pesar suyo" (117).

Este discurso parte del punto de experiencia donde podemos ver lo que concierne a la verdad del estrangulamiento de la situación subjetiva, que está al nivel donde el pensamiento existe como "no es yo quien piensa".
Es en ese lugar donde “yo no soy” que la lógica aparece totalmente pura, como no gramática, y que el sujeto se aliena de nuevo en un pienso cosa, lo que Freud articula bajo la forma de representación de cosas, que es de lo que está constituido el inconsciente, cuya característica es tratar las palabras como cosas. Si Freud habla de pensamientos del sueño es que detrás de sus secuencias agramaticales hay un pensamiento que no puede decir ni “luego yo soy” ni “luego yo no soy”.

Cuando Freud señala que el sueño es esencialmente egoistico, lo que plantea justamente no es que en el sueño el pensamiento pueda decir “soy yo”, sino que el Ich del soñador está en todos los significantes del sueño, absolutamente disperso, y que el estatuto que queda a los pensamientos del inconsciente es el dese cosas. Esas cosas se encuentran entre si, son tomadas en un juego lógico que constituye la función de remisión y que se lee a través de los desfasajes en relación al yo gramatical. Para eso sirve ese yo gramatical, del mismo modo que el jeroglífico se lee y se articula en relación a una lengua ya constituida.

El lugar de los pensamientos inconscientes está marcado por el area blanca (abajo a la derecha, en el gráfico anterior), donde se designa que el Ich está disperso por todos los pensamientos de lo que Freud llama Traum inhalt (traum = sueño; in = dentro; halt = detenerse, firmeza) es esa red de significantes en la que se constituye el sueño de acuerdo a los mecanismos de condensación y desplazamiento. La Traum inhalt, el contenido del sueño, "nos es dado, por decir así, en una pictografía (escritura de imágenes), cada uno de cuyos signos ha de transferirse al lenguaje de los pensamientos del sueño" (13) (subrayado mío). "La apreciación correcta del acertijo solo se obtiene cuando (...) me empeño en reemplazar cada figura por una sílaba o una palara que aquella es capaz de figurar en virtud de una referencia cualquiera (...) el sueño es un rebus de esta índole" (14). En suma, todo esto no tiene sentido mas que en una lengua. Eso quiere decir la Bedeutung, el sentido del rebus.

Al alterar las imágenes que lo constituyen podemos designar el índice gracias al cual reencontramos todas las funciones gramaticales desde el principio eliminadas. Por ejemplo cómo se expresa la relación de una subordinada con una principal, o cómo una relación causal puede expresarse. Los medios mediante los cuales el trabajo del sueño busca figurar las relaciones del material onírico, son varias. En primer lugar, el sueño da satisfacción al nexo que innegablemente existe entre todos los fragmentos de los pensamientos oníricos, por cuanto unifica este material en una síntesis, como situación o proceso. "Refleja una conexión lógica como simultaneidad". "Para figurar las relaciones causales el sueño posee dos procedimientos". Lo más frecuente es que figue la prótasis como sueño prólogo y la apódosis como sueño principal" (15). Y el otro procedimiento es en que "una figura del sueño, sea persona o cosa, se muda en otra". En ambos procedimientos, la causación es figurada por una sucesión, en el primero porque los dos sueños se suceden, y en el segundo por una imagen se muda directamente en otra. Pero en la gran mayoría de los casos, la relación causal no es figurada en modo alguno sino que se pierde en la sucesión de los elementos, inevitable en el proceso del soñar.

En cuanto a la alternativa "o bien ... o bien", el sueño no puede expresarla, suele recoger en una trama "sus dos términos como igualmente justificados" (16).
En cuanto a la oposición y la contradicción, "lisa y llanamente la omite, el "no" parece no existir para el sueño" (17).
Entre las relaciones lógicas, una sola es extremadamente favorecida por el mecanismo de la formación del sueño, es la relación de la semejanza, la concordancia, el contacto, el "asi como", que en los sueños puede figurarse como ninguna otra, con diversos medios (18).

Los sueños versan sobre la persona que sueña, "son absolutamente egoístas". "Toda vez que en el contenido onírico no se presenta mi yo, sino solo una persona extraña, tengo derecho a suponer tranquilamente que mi yo se ocultó tras esa persona, por identificación" (19). Puedo figurar mi yo varias veces en un sueño, una vez directamente, y otras por medio de la identificación con personas extrañas.
El "Ich" está presente en todos los pensamientos inconscientes, es decir, está absolutamente disperso, diseminado.
Son pensamientos sin "je", que no conducen a un "luego soy", puesto que no forman un conjunto cerrado. El "je" está disperso en ellos. La dispersión hace que no puedo ser esos pensamientos que hay. No puedo deducir un "luego soy" porque el Otro con el que "pienso", es un Otro disperso.
Todo lo tocante al inconsciente "es algo que se dice sin que el sujeto se represente ni se diga allí, ni que sepa lo que se dice" (20).

Freud traza la vía de una lógica de esos pensamientos, que exige el soporte del lugar del Otro, que no puede, aquí, articular mas que un "por lo tanto yo no soy".
Lo que convoca el antecedente de un "tu no eres", tal como lo indica el lenguaje del amor: "tu no eres, por lo tanto yo no soy", que puede empujarse a un "tu no eres más que lo que yo soy".

La referencia a Angelus Silesius (quien decía: "Dios no vive sin mí") le sirve a Lacan para indicar que esas vías no eran ignoradas por nadie en la época de Descartes.

Notas

(1) Antonin Artaud, carta a Georges Izambard, del 13 de mayo de 1871:
"Je veux être poète, et je travaille à me rendre Voyant : vous ne comprendrez pas du tout, et je ne saurais presque vous expliquer. Il s’agit d’arriver à l’inconnu par le dérèglement de tous les sens. Les souffrances sont énormes, mais il faut être fort, être né poète, et je me suis reconnu poète. Ce n’est pas du tout ma faute. C’est faux de dire : Je pense : on devrait dire on me pense. Pardon du jeu de mots. Je est un autre. Tant pis pour le bois qui se trouve violon, et Nargue aux inconscients, qui ergotent sur ce qu’ils ignorent tout à fait !" (subrayado mio)
"Quiero ser poeta, y trabajo para hacerme Vidente: no comprenderás nada, y apenas puedo explicártelo. Se trata de llegar a lo desconocido por la perturbación de todos los sentidos. El sufrimiento es enorme, pero hay que ser fuerte, haber nacido poeta, y yo me reconocí como poeta. No es mi culpa en absoluto. Es falso decir: pienso: se debería decir que me piensan. Lo siento por el juego de palabras. yo es otro. Lástima por la madera que es el violín, y fastidia a los inconscientes, que se quejan de lo que ignoran por completo." (subrayado mio).

(2) Sigmund Freud, "La interpretación de los sueños", capítulo VI "El trabajo del sueño", Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo IV, página 318.

(3) Idem página 319

(4) Idem, página 318

(5) Descartes, “Meditaciones metafísicas”, primera meditación

(6) Idem, segunda meditación

(7) Jacques Lacan, Seminario IX “La identificación”, sesión del 15 noviembre 1961

(8) Descartes, "Reglas para la dirección del espíritu"

(9) Bertrand Russell, "Mysticism and Logic", "Misticismo y lógica"

(10) "Fides quaerens intellectum" ("La relación entre Fé y Razón") fue el título original de lo que finalmente se llamó "Proslogion” (en francés, "Proslogue"), obra del filósofo medieval Anselmo de Canterbury redactada entre 1077 y 1078 a manera de una meditación u oración dirigida a Dios. La traducción (al francés) que recomienda Lacan es la de Koyré: "Sur L'existence De Dieu. Proslogion"

(11) Jacques Lacan, ”La lógica del fantasma”, Reseña del seminario – "Otros Escritos", Editorial Paidós, página 343

(12) Idem

(13) Sigmund Freud, "La interpretación de los sueños", Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo IV, página 285

(14) Idem, página 286

(15) Idem, página 320

(16) Idem, página 322

(17) Idem, página 324

(18) Idem, página 325

(19) Idem, página 328

(20) Jacques Lacan, "La equivocación del sujeto supuesto saber", (Texto preparatorio de una conferencia a ser pronunciada en el Instituto Francés de Nápoles el 14 de Diciembre de 1967, publicada originalmente en la revista Scilicet nº 1)

 

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